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Vivencia: viaje en bici de Zamora a Santiago

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05-05-2012Escribe un comentario

Introducción:         

   En Abril de aquel año de 2004 se nos ocurrió la idea de hacer el camino de Santiago ese verano, por ser una ruta ideal para los novatos en esto de realizar una ruta de varios días. Comenzamos un entrenamiento a base de rutas por los alrededores de Toledo y Aranjuez, y la montaña en la Sierra de Guadarrama, especialmente la zona de la Fuenfría y la Pedriza, estuvimos acudiendo a un gimnasio para recibir clases de spining, quemar calorías y trabajar cardio. Creemos que esta fase fue fundamental para poder disfrutar del gran viaje que nos esperaba, ya que los problemas que tuvimos fueron mínimos por suerte.

    Nos reunimos para decidir por que camino llegaríamos a Santiago, y debido a la masificación que debería de haber en el mes de Agosto, optamos por hacer unos 450Km por la vía de la plata, en su variante de Zamora a Santiago pasando por Verín. Decidimos que no era buena idea planificar una serie de rutas cerradas y optamos por establecer que siete hora de bicicleta al día serían suficientes, sin importar la distancia, ya que teníamos algo más de una semana para hacer el viaje y por nuestros cálculos de que a una media de 12km/h, tirando por lo bajo, en 7 horas cubriríamos 84km al día, por lo tanto a ese ritmo necesitaríamos seis días aproximadamente. Bien, lo cierto es que se nos dio bien y sin prisas realizamos una media de 17,6km/h haciendo 5 horas de rodaje de bici, cubriendo el trayecto en cinco días con un total de 25 horas de rodaje.

    Las etapas surgieron según nuestras necesidades y calculando a ojo sobre la marcha, ya que no había problemas de albergues, que distaban unos de otros a unos 30km, por lo tanto podíamos arriesgarnos a que nos cayera la noche. He aquí los tramos que realizamos:

    Día 1: Zamora- Santa Croya de Tera 70km
    Día 2: Santa Croya de Tera – Lubián (100km) con comida y baño en Puebla de sanabria río Tera
    Día 3: Lubián – Sandiás con comida y baño en Verín río Támega (105km)
    Día 4: Sandiás – Cea con comida en Orense y baño en termas del Miño (90km)
    Día 5: Cea – Santiago con comida en Silleda (80km)

Es muy importante comprobar días antes de la salida como va la bici con todo puesto, ver si la carga no nos estorba en los talones, comprobar que la sujeción es buena, estudiar la colocación de los pulpos, observar el equilibrio de la bici con toda la carga, tratar de organizar cada cosa siempre en el mismo sitio. Debemos hacer algunos kilómetros para asegurarnos de que no necesitamos algún que otro tornillito o abrazadera, especialmente si, como en nuestro caso, es la primera vez que realizamos una ruta de varios días. También hay que tratar de ser muy estricto con el peso de cada cosa que llevemos, por ejemplo, unas simples chanclas pueden pesar mucho  menos que otras más cómodas. No hay que tratar de ahorrar dinero en los culottes ni en los sillines, estos últimos deben ser antiprostáticos y los culottes deben llevar buenas badanas, en el mercado existen marcas muy baratas que disponen de badanas de marcas muy prestigiosas. De la calidad de la badana y el sillín dependerá tu salud intima durante el viaje.

 Las bicicletas que llevamos tienen un valor medio de unos 600€, no son gran cosa, pero si tenemos cuidado en su mantenimiento, ajuste y limpieza podrán hacer muchos kilómetros, no es importante el valor en si de la bici, sino que esté perfectamente ajustada y que cada una de las piezas este revisada por un profesional del que nos tenemos que dejar aconsejar. Para llevar nuestro equipaje disponíamos de una bolsa de manillar, un triangulo que se sujeta al cuadro sobre los portabidones y unas alforjas de tres cuerpos, también puede ser útil una riñonera e imprescindible una mochila de agua que podremos sujetar al Transportín si se nos cansan los hombros. Resulto asombrosamente útil guardar cada prenda, cosas de higiene y botiquín en bolsas de plástico tamaño folio con cierre hermético, previene de que se ensucien o se mojen y hace muy fácil buscar y organizarlo todo.



ETAPA 1: ZAMORA – SANTA CROYA DE TERA


   Nos llevaron en coche desde Madrid a Zamora, llegando a las 10:00h de la mañana, por problemas de última hora en el Transportín de Fran debimos retrasar la salida unas dos horas hasta encontrar por Zamora una tienda de bicis donde pudieron solventarle el problema del anclaje del Transportín al cuadro de su bicicleta. Tras colocarlo todo sobre la bici y decorar la montura con una vieira sujeta a una cuerdita sobre el equipaje para identificarnos como peregrinos salimos de Zamora por la Nacional 630, parando en el ultimo hotel del término municipal para colocar nuestro primer sello en la credencial y almorzar algo, ya que ese día y debido a la hora que era, no teníamos pensado parar a comer a mitad de camino.


    Haré referencia a las carreteras siempre en esta vivencia, es más sencillo orientarse en los mapas, pero si disponemos de los mapas militares podremos ir tomando cañadas y caminos agrícolas paralelos a las carreteras muy fácilmente en las comarcas más llanas, que fue lo que nosotros hicimos. Efectivamente, la N-630 se ve acompañada por sendas agrícolas paralelas que podremos tomar para evitar rodar junto al peligro.

    Tras el seco embalse de Ricobayo nos encontramos  con las primeras elevaciones de terreno y gracias a las cotas del mapa comenzamos a orientarnos por lo que sería el primer tramo marcado con la flecha amarilla de la ruta de la plata que nos encontramos, al llegar a Tábara, una red de muy buenos caminos agrícolas une la ZA-121 con la ZA-120, donde, volviendo a un terreno llano llegamos a la comarca del Tera.

    A medida que avanzábamos al norte, el paisaje se iba volviendo más verde, con más cursos fluviales, al principio tímidos, como el embalse de Ricobayo, iban apareciendo arboledas y pequeñas colinas que no serían más que un ligero entrante de lo que nos esperaba en la comarca de Sanabria.

    Aquellos que quieran recortar el camino pueden tomar la N-631 en Tábara en lugar de desviarse al norte, pero merece la pena pasar la noche en el estupendo hostal del peregrino de Santa Croya, que es el único privado de Zamora, y es barato, limpio, y acogedor.

 

ETAPA 2: SANTA CROYA DE TERA - LUBIAN

    En este albergue dormimos muy bien, el baño era amplio y limpio, otros peregrinos que estaban por allí eran unos alemanes cincuentones con enormes mochilas y otra gente joven que decidió disfrutar de las fiestas de Santa Croya, por lo que apenas coincidimos. Tras lavarnos y dar una vuelta por el pueblo nos acostamos.

    A la mañana siguiente  tomamos nuestro desayuno y nos llevó casi dos horas preparar las bicis, menos más que fuimos adquiriendo cierta destreza a colocar todos los enseres y sujetarlos a las bicis con los pulpos.

    Retomamos el camino con ganas de bici y salimos al norte, cruzando el Tera y virando al oeste por la N-525. Esta sería desde entonces y para toda la ruta la carretera que nos serviría de referencia y ayuda en el caso de no encontrar vías paralelas, por lo que decidimos que no nos separaríamos de esta nacional mucha distancia, ya que su trazado discurre por los valles menos montañosos de los territorios que debíamos atravesar, y sabíamos que por lo menos, hasta Ourense la carretera estaría muy poco transitada debido a la presencia de la flamante y ruidosa  A-52. Tras dejar atrás Rionegro divisamos el cruce por el que habríamos aparecido de no desviarnos hacia Santa Croya, el cruce de la Nacional 631 con la 525.
 
    Este día fue duro por ser en ligera ascensión durante todo el trayecto y el calor hacia presencia en estas incipientes colinas de Sanabria, nos adentrábamos en la parte más montañosa de Zamora y bromeábamos para evadir el respeto que nos suponía la futura ascensión a Padornerlo, cerca de Lubián.

    La hora de sentir hambre nos llegó cuando estábamos a punto de alcanzar la Puebla de Sanabria, así que tras una fuerte subida y luego una ligera bajada al valle del Tera nuevamente comimos en uno de esos bares de carretera. A esa hora hacía un calor impresionante y se respiraba cierto tedio a la ascensión que nos esperaba a la tarde, según nuestros cálculos, dormir en el albergue de Lubián sería buena idea, eran pocos kilómetros pero una fuerte subida.

    Tras comer cogimos las bicis con cierta pereza y se nos abrió el cielo cuando vimos que la Puebla de Sanabria dispone de una playa fluvial junto al puente del Tera, fue grata sorpresa tomar un baño refrescante y dejar pasar las horas de más calor. El Tera estaba muy frío, y el descanso no podía tener un marco más acertado que el Castillo de la Puebla sobre el desnivel que hace la cuenca del curso fluvial.

    Mientras preparábamos la salida se nos acercaron tres peregrinos en bici que nos cruzamos cuando tratábamos de llegar a Santa Croya por los caminos, se trataba de Miguel, Carlos y Paolo, los tres de Valencia, que habían partido de Zamora, en este momento tan solo nos saludamos pero sabíamos que a buen seguro coincidiríamos en algún punto más adelante.

    Al retomar el camino ya estábamos preparados para afrontar una muy dura prueba. Pedro ganaba terreno y yo seguí el ritmo de Fran que nos mantenía en un ritmo cardiaco seguro, la A-52 estropeaba el paisaje que era rico en grandes desniveles e impresionantes colinas y valles, la subida era cansina pero armados de paciencia ganábamos metros poco a poco. El perfil del grafico no representa fielmente la rampa que no por inclinación, sino por insistencia trataba de vencernos sicológicamente, más que físicamente. Paramos en Requejo para sellar la credencial y supimos que los valencianos habían echo alto en este pueblo, Pedro tuvo que engrasar con grasa sólida los anclajes de su sillín porque le hacía ruido. Continuamos hacia Padornelo y la rampa se hacía más vigorosa. Combatíamos la sensación de agobio con paradas para echarnos unas fotos en los puentes que cruzan valles de hasta 400 metros de altura, a una velocidad de 10km por hora aquello nos resultaba una locura pero nos convencíamos que con paciencia y pronunciando la mágica frase “al tran-tran” conseguimos alcanzar Padornelo justo cuando comenzaba a esconderse el sol o más bien la nubes lo ocultaban por aquellas alturas.

    Nos reunimos los tres en un bar que hay en lo alto de Padornelo, a muy pocos kilómetros hubiéramos podido ver las tierras portuguesas de Bragança de no ser por la Sierra de la Culebra, conocida por la superpoblación de lobos de sanabria, al parecer el tema de los lobos y su superpoblación atraía a los habituales de aquel bar, curioso que su acento comenzaba a sonar muy gallego e incluso hablaban la lengua de aquellas tierras entre ellos.

    El siguiente tramo hasta Lubián resultó menos fatigoso por ser más entretenido, la A-52 no se divisaba, aunque todo el valle hubiera sido más impactante de no ser por las grandes instalaciones electroeólicas que llenaban todo el valle de generadores, cables, torres, centrales de transformación, y un sinfín de instalaciones eléctricas. Nos encontramos con profundos desniveles, tanto a favor como en contra y la carretera tan poco concurrida nos dejo disfrutar. En este tramo Pedro decidió retenerse y disfrutar los tres juntos de este tramo de fuerte subida en el que sabíamos que no estábamos cansados y que coronaríamos sin problemas, lo cual nos inyectó bastante dosis de auto confianza.
    
    Finalmente, la subida a Lubián no fue tan difícil como nos pareció en los planos o quizá, los malos ratos se olvidan fácilmente, pero la satisfacción de culminar un reto es un premio que no se puede describir con palabras.

    El pueblo de Lubián resultó ser un tanto frustrante, el albergue estaba cerca de granjas ovinas, donde el ganado circulaba suelto por la calle sin pavimentar cuyas construcciones toscas de piedra estaban infestadas de pulgas y moscas. La llave del albergue más sucio que nos habríamos de encontrar la guardaba una vecina muy simpática del pueblo que nos cobró algún dinero simbólico por dormir. El albergue disponía de dos sucias plantas, con un sucio dormitorio y un sucio y estrecho baño arriba y una sucia cocina amplia en el inferior. Como arriba estaba sucio y reinaba un mal olor, decidimos bajar tres sucios colochones para el piso inferior y dormir en el suelo, que también estaba sucio. Hicimos uso de los plásticos para cubrir los colchones y del repelente de insectos, que por repeler, nos repelía hasta a nosotros mismos. Aun me queda una marca de una picadura de algún habitante de las granjas de Lubián en el brazo, 6 días más tarde.

    Cenamos en una cercana casa rural, que pretendía cobrarnos 40 euros a cada uno por pasar la noche. Aquello era bonito y limpio y no sucio y ruinoso, pero nuestro espíritu peregrino y nuestro bolsillo nos hicieron ver que disponíamos del suficiente repelente como para pasar la noche en el albergue peregrino. Aun así, como digo, la cena fue barata y nos supo a gloria, yo recuerdo que la comida era realmente exquisita pero éramos conscientes de que tras todo un día de pedaleo cualquier plato nos sabría a manjar de dioses.

    La casa rural disponía de un salón al uso, era como, una casa, como la casa de alguien, pero funcionaba a modo de hotel, pero a todas vistas, parecía la casa del abuelo de Heidi. Allí sentado estaba un joven de nuestra edad viendo la tele, era la primera vez que coincidíamos con Roberto, un profesor granadino que también había salido de Zamora en bici, hicimos con el buenas migas y comentamos muchos aspectos del viaje. Apareció un señor de edad avanzada y conversación anciana que venía andando de muy lejos e idolatraba al presidente de la Xunta gallega como si fuera el propio Santiago apóstol, señor sin duda de grandes experiencias en diversos caminos. Más amena resultaba la conversación con Roberto que nos contó que había coincidido con los tres valencianos pero se había separado de ellos.
    Yo dormí bien pese a las rurales condiciones, pero Pedro si pasó incomodidad ya que él tiene muchos problemas de alergias, menos mal que el repelente funcionó bien y el único herido fui yo victima del aguijón en un brazo de vete tu a saber que bicho. Mientras recogíamos los bártulos un peregrino bajo a desayunar, era vasco y no recuerdo de donde salió ni lo que contó, solo recuerdo que bajó en silencio y comenzó a degustar su desayuno mirándonos adormecidamente mientras recién levantados preparábamos nuestras bicis. El granadino nos comento que en la casa rural habían preparado los desayunos, pero no había nadie, las puertas estaban abiertas y debíamos de abonar un par de euros y medio por cabeza, desayunamos como el que desayuna en su casa en aquella casa rural limpia y abonamos a la casa la cantidad que solicitaba un cartelito. Nos despedimos de Roberto y retomamos nuestro camino animados ya que era hora de entrar en tierras gallegas.
 

ETAPA 3: LUBIÁN - SANDIÁS

    La salida de Lubián fue también muy dura en ascensión, a partir de este día era difícil saber si subíamos o bajábamos ya que nos iríamos encontrando valles y puertos muy cortos pero muy cansinos. El paisaje junto a los limites de las provincias de Zamora y Ourense era impresionante, solo que la A-52 discurría por el fondo del valle como si de un rió se tratase, y el trazado más antiguo que sigue la N-525 tenía repechos muy pronunciados y alguna rampa descendente ligera para después volver a subir, en ocasiones se cruzaba por arriba o por debajo con la autopista y también nos hicimos algunas fotos en los puentes de gran altitud.

    Nos despistamos y en lugar de subir todo  el puerto siguiendo el curso del itinerario más antiguo de la N-525 nos metimos por un túnel que salvaba la parte más dura. Aquel túnel era el límite de ambas provincias. Por fin teníamos a nuestra vista las tierras gallegas de Ourense, concretamente el concello de A Gudiña. Hicimos una parada en un área de descanso y continuamos con el deseo de comer en Verín.

    Ante nosotros teníamos a hora la parte más fácil de toda la ruta, se trataba de salvar el desnivel entre A Gudiña y la ciudad de Verín. Nos llamó mucho la atención los bosques quemados de eucaliptos y otras especies de repoblación, los incendios activos y la ingente cantidad de cortafuegos que algunos habían resultado inútiles. Sellamos en un antipático bar de A Gudiña y comenzamos la bajada. A medida que bajábamos iba haciendo más calor y tras unos 30km de descenso llegamos a Verín. Allí comimos en un restaurante de aspecto lujoso pero era barato y la comida muy buena.

    Un taller cercano nos resultó útil para apañar la pérdida de un tornillo del transportín de Fran, el mismo que yo había perdido en Santa Croya, ya que los trasportines eran iguales, y hube apañado con una brida.

    Verín es una bonita ciudad que se asienta junto a la ribera del río Támega, que es afluente del Duero, y al cruzarlo observamos que este municipio disponía también de un área recreativa a las orillas de río canalizado donde se reunían bastantes jovenzuelos. El acceso no permitía el paso de bicis y las instalaciones, por así llamarlas, dejaban mucho que desear, pero hubo esta vez baño y descanso para dejar pasar las horas de más calor. El Támega pasaba muy frío, y solo nos fue posible un pequeño chapuzón.

    Nos pusimos los maillots y cullotes y colocamos los bañadores con imperdibles sobre la carga, chanclas bien sujetas, todo colocado y nos fuimos en búsqueda del albergue del peregrino en Verín. Estaba muy cerca del río y las instalaciones eran muy buenas y muy recomendables, estuvimos a punto de decidir quedarnos allí ya que estábamos un poco cansados mentalmente de la fuerte subida del día anterior, pero sabíamos que el tercer día iba a ser tedioso y cansado. Estábamos algo atontados y el intelecto lo teníamos algo tocado, revisamos las comidas que habíamos hecho, debatimos si habíamos bebido la suficiente agua o si habíamos ingerido suficientes cereales en barrita como para soportar la paliza que nos estábamos pegando. Los tres opinábamos que estábamos haciendo la alimentación y la hidratación correctamente y que era ya sabido que hoy iba a ser el peor día. El Abrasone Rectal y el suplemento de gel para sillín habían echo milagros en Fran y a Pedro y a mi nos estaba evitando molestias así que resolvimos en subir de nuevo hacia Xinzo de Limia, donde la alberguera nos había dicho que cerca había un buen albergue en Sarreaus o en Sandiás, al preguntar a la chica si la subida era dura nos contestó que nadie había vuelto a bajar para presentar sus quejas ya que todos los peregrinos viajaban en el mismo sentido, curiosamente en todos los albergues nos decían que lo peor ya había pasado por esa misma razón.

    Al parecer los gallegos tienen muchas cualidades y virtudes aun así tenían bastantes problemas para explicarnos algún itinerario que preguntáramos y siempre calculaban las distancias muy por debajo, además no te saben decir si te encontrarás subidas o bajadas, a ellos su orografía les parece mucho más plana y uniforme que a nosotros acostumbrados a las planicies a cartabón de Castilla. Lo que para un gallego es un ligero repecho a nosotros nos parecía un puerto de primera, y eso que no estuvimos muy fatigados debido al buen entrenamiento que realizamos los meses anteriores en la sierra de Guadarrama y a base de spining y cardio. Yo notaba que mis pulsaciones habían descendido casi en 10 unidades durante el esfuerzo medio, eso es que en Galicia se respira mejor, hay más oxigeno en el aire, más frescor y el ambiente era muy agradable, además, Pedro anduvo genial sin problemas de alergias.


    Salimos de Verín  tomando la N-525 salvando un importante desnivel hasta el pueblo de Trasminas. El viento de frente fue realmente agotador y las interminables rectas con rampas del 8% sin descanso nos lo hicieron pasar bastante mal, quizá este tramo fue el peor de toda la ruta, pero como siempre, al llegar a Trasminas y dejar el valle del Támega atrás uno siente tal satisfacción que le resulta difícil recordar en qué estado se encontraba uno durante la subida. Pedro reclamaba su porción de fruta diaria que yo me dejé olvidada en el albergue sucio de Lubián, Fran y yo estábamos cansados y estuvimos estirando y reposando para recuperar durante algunos minutos, menos mal que el concello de Xinzo de Limia se asienta en lo que es la única planicie que nos encontramos, salvo el viento constante proveniente de noroeste, justo de cara, todo eran facilidades.

    Según avanzamos terreno hacia Xinzo, un tractor con remolque nos adelantó, su velocidad era de unos 25km/h, velocidad que era muy fácil de alcanzar si te situabas justo detrás para evitar el viento, yo me lancé a seguir al tractor que me protegía tanto del viento como del tráfico y pude descansar durante varios kilómetros, El tractor se detuvo a falta de un par de kilómetros del municipio y espere a mis compañeros que venían muy atrás y fatigados de luchar contra el viento. Sin tractor la cosa era más complicadilla así que éste nos volvió a adelantar de nuevo, esta vez Pedro también comprobó lo útil que resulta un coche de apoyo, especialmente si va lleno de melones…

    Ya serían las 22:00h y el sol comenzaba a esconderse, echamos mano de luces y chalecos reflectantes y compramos fruta en una pequeña tienda de Xinzo, la fruta combate asombrosamente la sensación de cansancio y aporta importantes nutrientes de rápida absorción, por lo que el cuerpo acrece mucho un par de piezas. Por allí preguntamos a la gente pero nadie sabía nada de albergues de peregrinos, nos encontrábamos en una de las rutas menos concurridas, la Ruta de la Plata, y a su vez en una de las bifurcaciones de esta ruta que también es la menos concurrida pues la mayor parte de la gente decide pasar por la variante de Laza, por esta razón llamábamos la atención en Xinzo por ser peregrinos y la gente no tenía ni idea de dónde se encontraba el albergue. Nos indicaban que Sarreau nos lo habíamos pasado y al comentar que nos habían dicho que en Sandías había uno de moderna factura comenzaban a dudar, el frutero nos dijo que si no encontrábamos albergue en Sandías podríamos volver a Xinzo y el párroco nos habilitaría unas camas en unos de los edificios eclesiásticos. Con este as en la manga decidimos avanzar hasta Sandiás sabiendo que nos caería la noche, pero no estaba muy lejos.

    Sandiás resultó ser la sede del concello homónimo y un pueblecito, que, como muchos otros se encontraban a lo largo de la nacional 525, desprovisto de tiendas y comercio solo había un pequeño bar de empinamiento de codo, una mujer realmente antipática y seca le molestó ver que entrábamos en su bar para pedirle la llave del albergue. El albergue era realmente alucinante, muy nuevo, limpio, con enormes baños y amplios dormitorios, no había nadie y éramos los primeros en visitarlo en ese mes, nos lo enseñaron, nos dieron las llaves y nos dijeron que deberíamos devolver la llave al día siguiente en el bar y dejarlo todo como estaba. Nos dijeron que podríamos llamar al tendero para que nos abriera el supermercado para que pudiéramos comprar víveres y cocinarlos en el albergue, o bien podríamos ir a un restaurante de carretera que distaba 3km cuesta arriba por la nacional, 1km en llano según las indicaciones de la gallega. Optamos por guardarnos las llaves y acercarnos con luces y chalecos en plena noche cerrada hasta ese restaurante donde cenamos de lujo, la comida es  importante, pero nosotros es que comimos demasiado bien y por unos pocos euros. La vuelta al albergue fue incómoda, recién cenados hacer 3km cuesta abajo costó un poco por el frío que hacía, bajamos a toda prisa con los dientes castañeando, y como era poca distancia y mucha prisa la que teníamos por acostarnos no nos entretuvimos en abrigarnos.

    Este albergue fue el remate final para el día más cansado. Tenía dos plantas y abajo había un salón amplio, como un hall, con mesas y folletos informativos, a un lado había un dormitorio de cuatro camas indicado para personas con minusvalías, pero al no haber nadie más que nosotros decidimos dormir allí. Al otro lado del hall se abría un pasillo con una salita pequeña para lavar ropa, un tendero, un baño con dos duchas y dos lavabos señalizado como masculino y otro igual señalado como femenino y finalmente una pequeña cocina que no utilizamos. Tomamos sendas duchas prolongadas y aprovechamos para lavar tranquilamente toda la ropa y secarla en el secador de manos, era como disponer de una mansión para ti solo, dormimos impresionantemente bien y los tres estábamos bien de fuerzas porque fueron siete horas las que dormimos cada uno de los días, sin sensación de malestar al levantarse por la mañana.

 


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